Tantra

La filosofía tántrica del shaivismo de Cachemira dice que el poder que ha creado y sostiene este Universo se ha convertido en nosotros y en todo lo que nos rodea por puro amor. Este poder, que pulsa y es dinámico, hace que se generen cambios y transformaciones de manera constante, a fin de poder experimentar más y más amor. Pura creación que no es sino un gran regalo de la Consciencia Infinita para cada uno de nosotros y nosotras, por ser un reflejo de ese poder inmensurable, pues la vida fue realizada-creada a fin de poder experimentar-vivir el desarrollo del Ser de la manera más amplia y dinámica que pueda ser imaginada.

El tantra afirma que cada uno de nosotros y nosotras somos un reflejo especial de ese poder auspicioso: poder que siempre atrae lo mejor y nos empuja a expresar nuestras máximas dotes y cualidades. Llegados aquí es necesario remarcar que el sexo tántrico no es, ni consiste en mezclar solo fluidos, sino energías y karma. Muchas veces pienso que las personas no son conscientes de la responsabilidad que supone elegir con quién compartir la energía más íntima, pues todo encuentro íntimo con una persona te une de una forma especial con ella, ya que las energías y las almas se entrelazan, y cuanto más profunda sea esa conexión, más se compartirá y se intercambiará la energía con esa persona.

Si estás con una persona que no le hace ninguna limpieza interna a su ser y si además esta persona ha estado con muchas otras y tampoco ha limpiado lo que las demás han dejado en ella, no solo estarás adquiriendo parte de su carga energética, sino que también estarás tomando parte de las energías de las demás personas que intimaron con ella. Por esto, antes de intimar con una persona recuerda la frase que da título a este comentario: “Duerme con alguien que desearías ser”. pues, cuando unimos las auras con una persona (aunque haya sido una vez en la vida), también juntamos karmas, energía, luz, vibración, conocimiento, y damos también vía libre a larvas (vampiros energéticos que se nos plasman) o a entidades negativas como los íncubos o súcubos; por solo citar solamente algunos de los muchos entes del bajo astral.

El aura tiene de por sí una defensa natural, como la tiene la piel, que además es lo que le permite separar energéticamente un cuerpo áurico de otro, aunque estén en contacto. Por ejemplo, en el metro o en el autobús, por ejemplo, esto se puede percibir de manera clara, pues en este tipo de circunstancias casis siempre las personas van apretadas, y así sucede que las auras se tocan. No obstante, debido a esta cualidad intrínseca defensiva, las auras nunca se mezclan.

En el acto sexual lo que se persigue es lo contrario: la unión, y es de esta manera como las defensas bajan, y las auras de las dos personas se fusionan, mezclándose la energía. y así, si uno de los dos trae porquería en su cuerpo áurico, los dos acaban al final compartiendo esa misma porquería.

Cuando las dos personas se separan, cada uno tiene algo de la energía del otro, con lo que eso conlleva. Pero si ninguno de los dos tenía porquería, pero si practican sexo sin amor, entonces la lujuria perturba sus energías pudiéndose así generar suciedad en sus auras. Y si además, la otra persona es lujuriosa y lleva hasta el extremo su lujuria, ni siquiera podrá tener una relación sexual placentera porque todo le sabrá a poco.

El sexo es un vehículo muy poderoso y elevado, muy espiritual y muy sublime, diseñado para recordar el momento de la Creación, por lo que despierta las mismas fuerzas primarias creadoras. Y una energía tan potente es como un enorme faro de luz, que si bien está movida por la lujuria, lo que genera es distorsión y agitación, angustia y confusión, atrayendo, en consecuencia, entes de naturaleza perturbadora.

El Amor, sin embargo, supone una entrada de la energía más elevada, al tiempo que faculta para que la relación entre las dos personas tan solo atraiga bendiciones, estén protegidas y evita la distorsión energética.

Esto es algo hermoso cuando estamos realmente enamorados y queremos pasar con esta persona el resto de nuestros días, ya que cuando amamos, realmente queremos compartir lo bueno y lo malo con nuestra pareja, si bien, cuando tan solo se trata de un acto placentero, o de una noche, ello ya no resulta tan reconfortante; pues la energía de esta persona permanece con nosotros por espacio de aproximadamente siete años. Es importante comprender que el sexo no es ni malo, ni rechazable, si bien si es bueno saber lo que vamos a hacer con él.

Además de que todo ello se complica cuando la cadena es grande, porque, imagina que una persona ha tenido relaciones sexuales, digamos, con nueve personas, que a su vez cada una había tenido relaciones sexuales con tres. ¿Puedes imaginar cuántos karmas y plasmaciones tienes tú después de esta cuenta benévola?

Cuando unimos nuestra energía de este modo, también damos nuestro poder y vibración de vida a la otra persona, creando lo que antiguamente llamaban puentes de poder o lazos kármicos. Este tema es tan complejo, impactante y profundo, que no acabaríamos en horas. Pero este conocimiento nos hará tener más consciencia de la ligereza o profundidad de nuestros actos.

Para el descanso de todos compartiremos una cura: Si encuentras el amor de tu vida, un Amor profundo y verdadero, este Amor es capaz de quemar y trasmutar lo que sea, convirtiéndose en una cura de amor y de energía para la pareja.

Armoniza tus chakras, trabaja sobre ellos y evita tener parejas pasajeras. Lo ideal es compartir nuestra energía más íntima con quien amamos y nos ama: nuestra pareja; no con personas que solo nos atraigan o personas que solo despierten en nosotros pasión física.

Recuerda que si compartes tu energía con personas fugaces, en realidad nunca vas a saber con qué otras personas, también fugaces y con energías densas, estás intimando. Por eso, lo mejor es saber quién y qué lleva en sí cada persona con la que te involucramos íntimamente.

El ser humano responde a sus instintos animales (hormonales), igual que una mariposa nocturna se arrima a la luz incandescente de una lámpara que la quema lentamente, pero sigue arremetiendo sin tener conocimiento de su destino. Es por esta razón por la cual los matrimonios se reducen, mientras los divorcios se incrementan, permaneciendo únicamente aquellos que son limpios y que deciden convivir hasta darse cuenta de que son el uno para el otro; pues se eligen y se respetan mutuamente cada día. Se demuestran y se miran, se hablan y se dan espacio para crecer y para conocerse.