Crea la vida que deseas

Nos recuerdan las enseñanzas de Ramtha que para poder manifestar la vida que deseamos tenemos antes que llevarlo todo a la mente consciente, lo cual quiere decir que esta debe ir más allá del dominio del juez o de la imagen.

Dice Ramtha: “¿Qué pasa con una persona que intelectualiza todo o un teórico que contempla todas las cosas intentando llegar a la verdad científica pero solo llega a una teoría? ¿Por qué esa persona no tiene la experiencia? Si llega a sus mente consciente, o sea, llega a la neocorteza en su cerebro, ¿por qué no le sucede eso en la realidad?”.

“¿Por qué cada pequeña cantidad de conocimiento que ha adquirido el intelectual o el científico, sin importar quienes hayan sido sus maestros, tuvo que ser filtrado a través de la rejilla o la red de alambre de la imagen en el cerebro reptiliano. Si se filtra por ahí y pasa a través de la rejilla donde todo es conjetura, nada es real verdaderamente, entonces eso se convierte en el criterio del conocimiento. La manera más segura de llegar a una suposición en la vida es nunca participar en ninguna de ellas”.

“Puedes tener personas muy brillantes que tienen vidas muy aburridas porque no creen que nada de lo que aprenden puede convertirse en algo subjetivo para ellos mismos. Podrías tomar a otro invitado, a un niño pequeño, y exponerlo a los mismos conceptos, excepto simplificados. Para un niño que ha sido educado hasta cierta edad en la que todas las cosas son aceptables (o sea que estas son vistas con aceptación), esa experiencia le permite la interpretación subjetiva de esas cosas”.

“Cuando expones a un niño al mismo conocimiento que tiene la personalidad intelectual, ese conocimiento va a pasar por el cerebro reptiliano (que no ha sido definido todavía) y pasará a través de un corredor llamado la aceptación. El niño entonces se da cuenta de que lo que aprende, lo va a experimentar. De manera que a medida que el niño aprenda esto, todas las cosas que aprenda, sucederán en su vida como por arte de magia”.

No debemos olvidar nunca que estamos compuestos de un cuerpo y de una mente, si bien la mente es siempre más poderosa, pues todo lo que pensamos, finalmente termina convirtiéndose en actos positivos o negativos. Una mente que en sí misma no es más que una serie de impresiones grabadas que se expresan incesantemente en forma de impulsos y pensamientos, y que, además, no es más que aquello que ella misma hace; siendo por ello que la purificación y el control de la mente es el objetivo central y principal de todos los yogas.

Dice la Tradición de Ananda Marga, por ejemplo: “La mente consciente es nuestro estado normal de conciencia durante la vigilia, depende el intelecto y busca soluciones racionales a nuestros problemas. La mente subconsciente representa una parte muchísimo mayor de nuestra conciencia que se expresa cuando dormimos, aunque también está activa durante las horas de vigilia. El subconsciente es como un vasto océano del que la mente consciente sobresale como una pequeña isla. En él están inmersos nuestros innumerables hábitos y tendencias. El super consciente representa el grado más elevado de nuestra conciencia. Es el reino de la auténtica percepción. Cuando la mente está serena y en estado elevado, surgen profundas percepciones e inspiraciones”.

Para vivir la vida razonablemente satisfactoria tenemos tres posibilidades. La primera opción es conseguir aumentar nuestras tendencias emocionales positivas, al tiempo que aprender a disfrutar de las cosas cotidianas. La segunda opción, más satisfactoria y gozosa, es emplear nuestras habilidades, talentos y capacidades con frecuencia: usarlos en el trabajo, en las relaciones sociales, en los momentos de ocio, etc. La tercera posibilidad es la más compleja, y se refiere a enfocarse en algo que uno valora a fin de conseguirlo: alcanzar nuestro objetivo, nuestro anhelo, nuestra meta…

La verdadera práctica espiritual tiene como función el desarrollo de actitudes emocionales positivas como la empatía, la gratitud, el amor, la compasión… además de que nos permite una mayor flexibilidad en relación a la imagen personal que hemos creado o nos han creado. Dicen los Gurús y los Maestros y Maestras auto-realizados que la verdadera felicidad no se encuentra en lo que cambia y perece, sino en lo que no cambia; pues dolor y placer se alteran constantemente. De un modo más completo señalan que la verdadera felicidad-plenitud solo acontece cuando somos conscientes de nuestra naturaleza primordial.

Cuando vivimos desde nuestro ser esencial todo lo demás viene por añadidura. A pesar de ello, las personas nos dedicamos a buscar la felicidad en las experiencias, y así es como dejamos para después el conocimiento de nosotros mismos.

Hacemos pues las cosas al revés, pues lo que debería acontecer, sería primero, buscar buenas experiencias tratando de evitar las inadecuadas: análisis y reflexión. Buscamos ganancias, éxito, reconocimiento, bienestar… y huimos de las pérdidas, el fracaso, la crítica, el malestar… Nos olvidamos de que todas estas experiencias forman parte de las cosas efímeras y perecederas. Tenemos pues dos problemas, pues, por un lado, estamos constantemente expuestos a la insatisfacción, a la frustración y a la incertidumbre; en una palabra: al sufrimiento. Y por el otro lado, nos convertimos en víctimas de las experiencias: perdemos la libertad personal.

Así es como viven los seres humanos en la Tierra, hasta el punto de que todo esto es asumido como algo normal y natural, cuando es precisamente todo lo contrario. Pensar de esta manera nos conduce al estado de dependencia más absoluta y cruel que podamos imaginar. Pensamos que las experiencias de dolor y placer son inevitables, y que por consiguiente, han de determinar nuestro grado de felicidad o infelicidad. Sin embargo, las palabras de los Maestros y de las Maestras nos señalan otros caminos claramente diferenciados que podemos transcender a fin de poder encontrar una paz interior que es independiente de los acontecimientos.

Me gusta pensar que si nos reinventamos seremos la mejor versión de nosotros mismos. Y realmente sé que se puede lograr si nos aventuramos por el camino de nuestro nuevo yo, despertando de esta manera la curiosidad por mejorar y aprender todo lo que hay y existe sobre nosotras y nosotros: explorando tu nuevo potencial y descubriendo tus talentos ocultos. Solo tienes que adentrarte en el asombroso poder de transformación que tiene tu mente, para así poder aprender como adiestrarla a fin de que tus pensamientos te dirijan hacia la realidad que de verdad tú deseas vivir-experimentar-ser.

Decía Boecio: “Quien con toda su alma busca la verdad y no quiere perderse por caminos tortuosos, habrá de dirigir la luz de su mirada interior hacia sí mismo”. A través del auto-conocimiento y de la meditación, la escucha activa y la atención, nos encaminamos por los senderos en donde habita el reencuentro y el gozo, el descubrimiento de uno mismo y de una misma, así como la quietud de la mente, que en última instancia será la que cree la realidad que deseamos y queremos.

En lo que piensas, te conviertes.
Lo que sientes, lo atraes.
Lo que imaginas, lo creas.

Buda