Los tres cerebros: El cerebro , el Corazón, el Intestino

Los tres cerebros: El cerebro , el Corazón, el Intestino

María Arboleda

Siempre hemos pensado que nuestro cerebro (lo que tenemos sobre los hombros) es el único cerebro de nuestro cuerpo, sin embargo, estudios de los últimos años han descubierto que nuestro cerebro está acompañado por otros dos cerebros más: uno en el abdomen, técnicamente conocido como “sistema nervioso entérico” estudiado por la neurogastroenterología, y otro en el corazón “the brain heart” de cuyo estudio se encarga la neurocardiología.

De estos, es el cerebro del corazón el que recibe en primer lugar la información y decide, pues puede recordar y funcionar con independencia del cerebro en la cabeza. Se cree que el “heart brain” es entre otros el asiento del inconsciente, y al ser el primero en filtrar la información del exterior, el más importante.

Los especialistas en neurocardiología han descubierto que tenemos un cerebro en el corazón compuesto por más de 40.000 neuronas de diferentes tipos junto con una compleja red de neurotransmisores, proteínas y células auxiliares que actúan independientemente de la cabeza. Los latidos del corazón no son simplemente pulsaciones mecánicas de bombeo., ya que poseen un lenguaje inteligente que influye en nuestra manera de percibir el mundo y reaccionar ante él.

Todos los latidos del corazón están vinculados al cerebro, influyendo continuamente en nuestras percepciones y nuestra conciencia. Robert Cooper, doctor en filosofía, dice que el corazón no sólo está abierto a nuevas posibilidades, sino que las examina activamente e incluso busca una nueva comprensión intuitiva.

Después de una extensa investigación, uno de los pioneros en neurocardiología, el Dr. J. Andrew Armour, introdujo el concepto de “un cerebro funcional en el corazón” en 1991. Su trabajo reveló que el corazón tiene un complejo sistema nervioso intrínseco que es lo suficientemente sofisticados para calificarlo como un “pequeño cerebro”. El “cerebro del corazón” es una intrincada red de varios tipos de neuronas, neurotransmisores, proteínas, y las células de soporte como los que se encuentran en el cerebro propiamente dicho.

En el libro de neurocardiología, editado por el Dr. Armour y el Dr. Jeffrey Ardell, se ofrece una visión completa de la función intrínseca del sistema nervioso del corazón y el papel de la red neuronal autónoma central y periférica en la regulación de la función cardíaca.

El sistema nervioso del corazón contiene alrededor de 40.000 neuronas, llamadas axones sensoriales, que detectan las hormonas circulantes, neurotransmisores, y mide la información acerca del ritmo cardíaco y la presión. Esto se traduce en impulsos neurológicos que luego se envían desde el corazón hacia el cerebro a través de numerosas vías aferentes. También a través de estas vías nerviosas las señales de dolor se envían al cerebro. Estas vías nerviosas entran en el cerebro en un área llamada, el bulbo raquídeo, situado en el tronco cerebral. Estas señales tienen un papel regulador sobre muchas de las señales del sistema nervioso autónomo que fluyen del cerebro al corazón, los vasos sanguíneos, y otras glándulas y órganos. Estas señales, también llegan hasta los centros superiores del cerebro, donde pueden influir en la percepción, la toma de decisiones y otros procesos cognitivos.

El Dr. Armour describe el cerebro y el sistema nervioso como un sistema de procesamiento y distribución en paralelo que consiste en centros de procesamiento neuronal por todo el cuerpo distribuidos en grupos separados, pero en interacción constante. El corazón tiene su propio sistema nervioso intrínseco que opera y procesa la información, independientemente del cerebro o del sistema nervioso. Esto es lo que permite un trasplante de corazón: Normalmente el corazón se comunica con el cerebro a través de las fibras nerviosas que discurren a través del vago y la columna vertebral. En un trasplante de corazón, éstas conexiones nerviosas no se vuelven a conectar durante un período prolongado de tiempo, en todo caso, sin embargo, el corazón trasplantado es capaz de funcionar en su nuevo huésped a través de la capacidad de su sistema nervioso intrínseco.

Respecto al “cerebro intestinal”, en el libro “La sabiduría del vientre”, Pierre Pallardy explica que el abdomen es, estructural y neuroquímicamente, un segundo cerebro conectado directamente al encéfalo. A través del intestino produce entre el 70 y 80% de las células inmunitarias del organismo que nos protegen de enfermedades graves, también produce células intersticiales que se encargan del funcionamiento de los músculos y los ligamentos, así como que tiene una compleja red de neurotransmisores, neuromoduladores y moléculas idénticas a la de los del otro cerebro como la serotonina, la acetilcolina o la adrenalina.

El profesor Michael D. Gershon, especialista en anatomía y biología celular, demostró la existencia de una actividad química recíproca entre ambos cerebros intestino y cerebro propiamente dicho a través del nervio vago. Un equipo de la Universidad de Boston identificó en el intestino de las ratas receptores del gusto amargo. Incluso Gershon demostró en su libro “Guía de la salud abdominal” que los elementos constitutivos de la enfermedad de Alzheimer o la enfermedad de Parkinson, se forman en el cerebro y los intestinos al mismo tiempo.