Héroes

Nigel Farange

Nigel Farange (3 de abril de 1964, Downe, Reino Unido) no es solo el líder carismático e indiscutible del independentista UKIP, también es un tipo genial al que Yoga Sangham admira, y esta es la razón por la cual comenzamos esta pestaña con esta figura indiscutibles de la libertad y de la justicia donde las haya. ¡¡Salud Niguel!!

El UKIP se fundó en 1991, sin embargo, su impulso llegó con el carisma de Farage, un antiguo Broker de bolsa, lenguaraz e inteligente, dicen sus antiguos adversarios de la bolsa londinense, que lo llevó a ganar las elecciones europeas de 2014.

Para sus enemigos políticos Nigel es un estrafalario, un provocador, un excesivo en sus hábitos, y también un feroz eurófobo. Sin embargo esto no es cierto. Nigel, al igual que lo hacen millones de seres europeos que aman la bella tierra europea, lucha por preservar su identidad de las garras del mundialismo bastardo, del sionismo xenófobo y aniquilador de las identidades europeas, así como contra el feroz liberalismo que no distingue sino beneficio y materia, tierra quemada y especulación. Sus videos en youtube no tienen desperdicio… al tiempo que son muy instructivos y reveladores del engaño que supone la actual dictadura que Gobierna en Bruselas y dirige las políticas suicidas de pérdida de valores e identidad cultural, racial y social como nunca antes la humanidad ha podido imaginar.

Hijo de una agente de bolsa alcohólico, fue abandonado por su padre cuando tenía cinco años, y en su casa siempre hubo estrecheces económicas para llegar a fin de mes, como él mismo relata. Sin embargo, aprendió a leer y a escribir, no quiso ir a la universidad, y a los 18 años ya trabajaba en la City como bróker de materias primas.De mente aguda, ganó mucho dinero antes de pasarse a la política.

Cofundador del UKIP en 1996 y líder del partido en 2006, Nigel fue uno de los fundadores del UKIP en 1993 indignado con Maastricht. Sin embargo, dimitió de todos sus cargos políticos el 4 de Julio de 2016, una vez concluida la victoria del “leave” en las elecciones de 25 de Junio de 2016; lo que ha permitido que las directrices anti democráticas de la U.E. no sean aplicadas en el Reino Unido.

Parte del triunfo del UKIP viene de los votantes laboristas de clase baja entre los que cala el discurso de rechazo al multiculturalismo, y en especial, al no europeo que desea transformar con su presencia y modo de vida, la identidad de las Islas Británicas.

Nacido hace 52 años en la villa de Downe, 23 kilómetros al Sur de Londres, sigue viviendo en el bonito pueblo de Kent donde aún es parroquiano del pub George & Dragon. Casado en segundas nupcias con una alemana, con la que tiene dos hijas, Nigel ha superado dos cánceres y tres intentos de asesinato. El último en octubre de 2015 en el Norte de Francia, cuando perdió una rueda regresando en su volvo ranchera desde el Parlamento Europeo.

Wangari Muta Maathaila

Hace algunos años que conocí el trabajo personal y social de Wangari Muta Maathaila, la activista política y ecologista keniana de la etnia kĩkũyũ, al tiempo que la primera mujer africana en recibir el Premio Nobel de la Paz en 2004 por “su contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz”.

La que algunos bautizaron como la mujer árbol lanzó un alegato cunado la concedieron el premio en Oslo (Noruega): “La industria y las instituciones internacionales deben comprender que la justicia económica, la equidad y la integridad ecológica valen más que los beneficios a toda costa”. Me gustó mucho su historia, pues yo por aquel entonces (2010) estaba muy implicado en mi labor de “plantador de árboles”, y prácticamente todos los fines de semana me marchaba a algún lugar a plantar árboles. Era emocionante ver cómo año tras año esos árboles crecían cada vez más y más.

Wangari tuvo una vida muy poco común para una africana de su generación. Aunque como como casi todas las niñas iba a por agua “muy limpia, no contaminada”, ella logró estudiar. Primero con las monjas. Luego, gracias a una beca, se licenció en biología en Estados Unidos. Volvió a Kenia con la independencia recién estrenada e inició una carrera docente que la conduciría por los peldaños del activismo. La primera doctora universitaria en África del Este en 1971 comenzó por dar la batalla en defensa de la libertad de cátedra en un país que se encaminaba hacia el autoritarismo y la corrupción. Recaló en la Asociación de Mujeres Universitarias, donde amplió su lucha y se lanzó en contra de la discriminación salarial de las profesoras frente a sus colegas masculinos. En el escalón del feminismo del aquel entonces (y no el que existe ahora, que está manipulado por los grupos de poder y la política más rancia) entró en contacto con las mujeres del campo.

Una mujer que tuvo que suportar que en su sentencia de divorcio el juez la calificara de “cabezota, triunfadora, con mucho nivel educativo, demasiado fuerte y muy difícil de controlar”. Ella le llamó corrupto y tuvo que dar con sus huesos en la cárcel brevemente por ello. Pero nunca se rindió ante los abusos.

Wangari nació el 1 de abril de 1940 en Nyeri (Kenia) y murió el 25 de septiembre de 2011 en Nairobi, la capital de Kenia. Se casó en 1969 y tuvo tres hijos. La concesión del premio Nobel de la Paz le pilló trabajando. Era un día de Octubre de 2004, y para celebrarlo hizo lo que llevaba años alentando y realizando: plantó un árbol. Otro más. A lo largo de su vida plantó más de 47 millones de árboles, si bien, su herencia incluye también una lección: la lucha por el medio ambiente. Una mujer excepcional y una bióloga que aunó bajo el mismo paraguas el desarrollo sostenible y los derechos humanos.

En una ocasión, y ante un grupo numerosas de mujeres que se afanaban por encontrar árboles para hacer leña, les dijo: “Si no tenéis leña, plantad árboles”. Corría el año 1977 y surgía el Movimiento Cinturón Verde (GBM, en sus siglas en inglés). Las mujeres empezaban a gestionar semillas y a plantar árboles. Primero en sus parcelas, luego en los terrenos públicos con el apoyo y un pequeño pago si el árbol sobrevivía del GBM. Cuando Wangari recibió el Nobel su movimiento tenía organizados 3.000 viveros, atendidos por 35.000 mujeres.

La imagen de aquel arroyo limpio de la infancia siguió siempre en la mente de la bióloga. El paso del tiempo lo había degradado, pero las cosas no debían seguir yendo a peor. Las batallas llevaron varias veces a la cárcel a esta activista cuya lucha (y la de sus miles de seguidores) evitaron que se construyera un rascacielos en el mayor parque de Nairobi, o que se privatizara un espacio natural de la capital keniana para construir chalés para la gente adinerada. El presidente Daniel Arap Moi llegó a calificar a esta mujer como una “amenaza para la seguridad del Estado”. Pero el presidente cayó por fin y en 2002, y Maathai fue nombrada viceministra de Medio Ambiente. Era el momento de pasar al otro lado para esta luchadora que también ocupó un escaño en el Parlamento. Su influencia era tal, que incluso sus propuestas llegaron a España, y gracias a su compromiso, en 2008 el PSOE incorporó en su programa electoral la plantación de un árbol por cada ciudadano.

Sus frases, libros y entrevistas son maravillosas. En el año 2004 reflexionaba así: “La experiencia me ha enseñado que servir a los otros tiene sus recompensas. Los seres humanos pasamos tanto tiempo acumulando, pisoteando, negando a otras personas. Y sin embargo, ¿quiénes son los que nos inspiran incluso después de muertos? Quienes sirvieron a otros que no eran ellos”. O esta otra: “La paz en la Tierra depende de nuestra capacidad para asegurar el medio ambiente”.

Solo por ello esta mujer ahora es honrada con un espacio en Yoga Sangham, pues ella es de esas mujeres que se sitúan al frente de la lucha por la promoción del desarrollo económico, cultural y ecológicamente viable de África.

Qandeel Baloch

Existe una realidad olvidada en Paquistán que tiene que ver con los “crímenes de honor” que en la gran mayoría de los casos cometen los hombres contra los miembros de su propia familia, en este caso mujeres, que la estricta mentalidad pakistaní considera como “inapropiada” cuando ellas reclaman mayores cuotas de libertad y autonomía.

Y es que en Pakistán poca gente sabe que cada año miles de mujeres son asesinadas en los llamados “crímenes de honor”. En muchos casos los culpables quedan libres porque la legislación paquistaní permite que la familia perdone a los asesinos. Los casos se cuentan por miles (algunas cifras hablan de más de 5.000 asesinatos anuales).

Quizá el último más “sonado” haya sido el que sucedió el 17 de Julio de 2016 contra la modelo paquistaní Qandeel Baloch, aunque su nombre real era Fauzia Azeem. Fue asesinada por su propio hermano en la provincia de Punyab (Sur), quien no se arrepintió por lo sucedido pues según su testimonio: “su comportamientos era intolerable”.

Qandeel Baloch, de unos 20 años, tenía decenas de miles de seguidores en las redes sociales. En las fotos y vídeos que colgaba solía aparecer muy bien peinada y maquillada. Pero para las mentes religiosas su posado era lo suficientemente provocativo, y por ello recibió numerosas amenazas de muerte. A pesar de sus denuncias las autoridades ignoraron sus peticiones de protección.

Aunque algunos la consideraban como un equivalente en Pakistán de Kim Kardashian, otros creen que fue una activista que luchaba conscientemente por los derechos de las mujeres. En su última publicación en Facebook, el 4 de julio, dijo querer cambiar “la típica mentalidad ortodoxa de la gente”, y dio las gracias a sus seguidores por “comprender el mensaje que intento transmitir a través de mis mensajes y videos atrevidos”.

“Qandeel fue una persona muy astuta que sabía que lo que hacía era algo más que ser la chica mala más querida de Pakistán”, dijo a la AFP la activista y periodista Aisha Sarawari. Su asesinato “supone un nuevo retroceso para las mujeres de nuestra generación”, lamentó.

Por su parte Benazir Jatoi, que trabaja para Aurat Foundation, una ONG local que defiende los derechos legales y políticos de las mujeres, aseguró que: “Hay muchos culpables que deberían ser juzgados por la muerte de Qandeel Baloch. Ella puso cara a muchas mujeres pakistaníes que mueren asesinadas por una sociedad que ha dado carta blanca a los hombres”, denunció.