Democracia

LA CENSURA DE LA ¿DEMOCRACIA?

Por Alain de Benoist

“…La importancia de un libro pronto se medirá únicamente por el silencio que le rodea”.

Adquiridas casi todas las editoriales por grandes grupos financieros, la mayor parte de los editores se burlan del contenido de los libros que publican. Al mismo tiempo, el sistema editorial y mediático se ha convertido en una amplia estructura de connivencia, donde el hábito de devolver los favores permite bloquear el Sistema y reducirlo al ámbito de las relaciones endogámicas. Los autores se contratan por cooptación en función de su pertenencia a tal o cual clan, a uno u otra red. La crítica se reduce principalmente a artículos de complacencia permitiendo a sus principales protagonistas adularse mutuamente al mismo tiempo que hacen frente común contra los “inoportunos”. En estas condiciones, es fácil elaborar listas negras sobre libros de los que ya no hay que dar cuenta, sobre periodistas a los que conviene quitar el micrófono.

Los editores son amenazados con ser boicoteados si publican autores políticamente incorrectos, amenaza que puede provenir tanto de un periódico como de un centro de poder universitario o de algunos otros autores de igual registro. Librerías que se niegan a poner en venta libros cuyos contenidos no les complace. Editores de obras colectivas que renuncian en el último momento a publicar textos que ellos mismos habían encargado. Casetas saqueadas en ferias del libro, mientras los editores allí presentes hacen circular peticiones para condenar, no a los agresores, sino a los agredidos.

Hoy día (en democracia???) resulta que en la edición hay que dar el santo y seña, es decir, plegarse a las excomuniones rituales, de lo contrario se está fuera de juego.

Paralelamente, a iniciativa del ministerio fiscal o de grupos de presión, vemos multiplicarse los pleitos cuyo objetivo es acallar, pasando por caja (por el momento) a los que molestan. No se condenan los actos, sino también las opiniones, sean o no expresadas de manera indirecta o alusiva. Se crean leyes ad hoc, es decir, leyes circunstanciales dirigidas explícitamente contra individuos o grupos para imponer “verdades históricas por decreto” legalmente obligatorias cuyo cuestionamiento se vuelve jurídicamente sancionable. La verdad histórica pasa a ser competencia del derecho, mientras que los jueces se convierten en auxiliares de una “memoria, la suya” supuestamente amenazada.

Los libros y periódicos son prohibidos en “defensa” de la “democracia”???) por un organismo que (¡oh, George Orwell!!!) se denomina: “Dirección de Libertades Públicas”. Por citar a Lutero o a Santo Tomás, hay universitarios que terminan ante tribunales que se reúnen sin interrupción. La legislación relativa al derecho de réplica, definida por una jurisprudencia constante como un “derecho general y absoluto”, ya no es respetada. (…)

Los universitarios (que no se han vendido al Sistema), son víctimas de censuras profesionales, enviados al paro (por ahora) por haber publicado diez líneas juzgadas inaceptables en una revista confidencial. Otros son hostigados durante sus cursos, agredidos físicamente, y a veces molidos a golpes. Otros, incluso, se encuentran privados de sus derechos cívicos o familiares. Se ha llegado a la aberración al ver niños expulsados de sus colegios para así castigar a sus padres por sus “malos” pensamientos.

Científicos cuyos trabajos experimentales desmienten la creencia actual en la omnipotencia del entorno en la determinación y la expresión de las capacidades intelectuales, se ven denunciados públicamente como charlatanes (denunciados por políticos que leen y escriben con dificultad).

Críticos de arte que se conmueven por la nulidad de ciertas producciones plásticas o musicales contemporáneas son tratados de “nazis” (como no). Abogados amenazados con ser expulsados del Colegio de Abogados (por querer ejercer la abogacía sin amenazas). Emisoras de radio cerradas por haber tenido una concepción demasiado amplia de la libertad de palabra.

Se quitan ( y a veces se destruyen) libros de las estanterías en bibliotecas públicas, libros decretados como “nocivos o malos” de autores “incendiarios” como Soljénitsyn, Raymond Cartier, Taguieff, Peyrefitte… etc… y no sólo “esta democracia ?”.. juzga a los vivos, sino que a los muertos los criba de las ideas nocivas para la “casta”… así Orwell, Ezra Pound, Elile Ciora, André Giré, Alexis Carrel, Jack London, Heidegger…incluso Voltaire, Shakespeare, Balzac o Dostoiesky… incluso los nuevos sátrapas permiten cambiar los nombres de las calles o escuelas que llevaban sus nombres.

¿No hemos visto recientemente al Banco de Francia renunciar a representar en un billete la efigie de los hermanos Lumiére, inventores del cine, aduciendo que habían apoyado al gobierno de Vichy, mientras en ese mismo momento residía en el Elíseo un antiguo titular del mismo?

Nota: Estamos a punto de que adjudiquen por “ley” que el inventor de cinematógrafo fue Steven Spielberg… y ¿quién será el valiente que lo desmienta?